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domingo, 7 de agosto de 2011

Capítulo 15. La fuerza del Caradrio

Sonó de pronto el despertador y poco a poco, mientras me desperezaba, abrí los ojos. Dejando así entrar la luz de un nuevo día en mi vida. Andrea parecía ser la única en no darse cuenta de que el mundo continuaba a su alrededor. Natasha se incorporó y me dedicó una gran sonrisa.

-          Buenos días Brittany.
-          No sé yo si serán tan buenos.
-          Déjame adivinar… ¿estás muy nerviosa, no?
-          Muchísimo – fue lo único que pude decir - .
-          No te preocupes, ya verás que una vez que pase dirás que no fue para tanto, todo saldrá bien – me inspiró cierta confianza la cual me fortaleció - .
-          Espero que tengas razón en todo lo que dices.
-          Solo tienes que tener confianza – hizo una pausa – voy a hacer una cosa, a ver si te ánima un poco.
-          ¿De qué se trata? – pregunté intrigada - .
-          Ya verás, pero mientras estate en silencio.

Se levantó de su cama con total cuidado en cada uno de sus sutiles movimientos. Se volvió hacia mí y pasando su dedo índice por sus labios avanzó hasta la cuna de Andrea, donde yacía ella sin percatarse de las intenciones de su amiga. Sin imaginarse lo que le esperaba. De alguna forma nunca tenemos manera de cambiar lo que nos espera.

Se subió a su cama. Comenzó a saltar en ella y a gritar. Andrea abrió los ojos de golpe. Echaba chispas. Frunció el ceño. Tragó saliva.

-       ¡Natasha sal de mi cama de una…! – me tapé las orejas, solo pude leer los labios de Andrea pronunciar la última palabra - ¡vez!

Ella al ver que Andrea estaba demasiado enfadada y dado que no quería que la cosa fuera a más,  para no empeorar la situación salió inmediatamente. Dando un bostezó me levanté. Abrí el armario al igual que Natasha y cogimos la ropa que íbamos a llevar hoy. Cuando nosotras ya estábamos completamente preparadas Andrea decidió salir de la cama, tras un estiramiento previo. También se dispuso a vestirse. Cogió unos pantalones bajos y una camiseta, antes de ponérsela dejo al descubierto su barriga.

-       ¡Andrea, que bonito!
-       ¿El qué?
-       El piercing que llevar en el ombligo, es precioso – sonreí - .
-       Gracias – me devolvió la sonrisa con desgana – aunque también tengo un tatuaje, ¿quieres verlo?
-       Me encantaría.
-       Es un lobo – se dio la vuelta y me señaló su espalda - .
-       Es precioso.
-       Lo sé – pronunció igual de seca que siempre y di por terminada la conversación - .

Una vez listas nos encaminamos hasta el comedor del colegio. Natasha previamente ya me había explicado que en el primer día del curso los profesores y el director reunían a todos los alumnos en esa sala para dar comienzo a las nuevas clases. A un nuevo curso cargado de nuevas experiencias por vivir y nuevas amistades por crear. Una vez bajadas las escaleras todos los alumnos se dirigían al mismo lugar de destino, impacientes y felices. Algunos alumnos ya habían llegado al comedor y charlaban tranquilos, sentados incorrectamente, pero entretenidos. Los profesores, a los que no presté demasiada atención, estaban sentados en sillas altísimas de terciopelo detrás de una mesa muy larga. Permanecían al fondo de la sala, en un terreno más elevado que el resto, debido a varios escalones.

Nos sentamos en una de las mesas. Los profesores comenzaron a dar discursos sobre cómo iban a ir sus clases, a estas tampoco les hice caso, en el fondo si les escuchaba iba a encontrar todas aquellas respuestas a mis numerosas dudas, las cuales mis padres no quisieron contestar en su momento, pero estaba demasiado entretenida hablando con Natasha, ya que Andrea miraba a su alrededor contantemente; parecía buscar a alguien.

Dos golpes en la puerta principal causaron el silencio absoluto en la sala. Un anciano entró rapidamente en la gran sala. Los ojos de todos los alumnos se clavaron en él. Y los azules de él también brillaban mirándonos a nosotros. Este hecho contestaba a mis dudas de quien era aquel hombre. Estaba claro. El director. Su barba blanca cubría sus pequeños labios al igual que parte de su pecho. Vestía una túnica gris. Se acercó a los profesores, saludándoles. A continuación se volvió hacia nosotros. Comenzó a hablar.

-       Hola. Bienvenidos. Para los alumnos que aun no me conocen, me presento. Yo soy Roland Howard, el director de este colegio. Tanto el resto de profesores como yo vamos a hacer lo imposible para que este curso sea agradable y llevadero para todos. Puede parecer que todo da mucho miedo, pero si ponéis un poco de vuestra parte podréis hacer lo improbable y descubrir cosas nuevas y maravillosas cada día – aprender una palabra en inglés nueva cada día, si claro…maravilloso… -  El profesorado y yo ponemos todo nuestra fe en vosotros, espero que no nos defraudéis con alguna de vuestras tonterías – tirar bolitas de papel entre los estudiantes o igual mandarse notas durante las clase…que más tonterías podíamos hacer que no fueran esas… - Bien…creo que todo esto os ha quedado claro, así que…prosigamos. Todos los alumnos que sea su primera vez en esta escuela pónganse de pie y en fila junto a mi - .

El corazón me dio un vuelco, me quedé de piedra y a causa de esto mis piernas parecían no reaccionar. No quería convertirme de pronto en el centro de atención de toda esta gente, desconocida para mí. Me quedé expectante, viendo como el resto de alumnos se levantaban, al darme cuenta de que más personas de los esperadas vivían por primera vez esta nueva aventura me armé de valor. Aún sorprendida, con miedo y una pizca de vergüenza me levanté.

-       En las cajas situadas a mi derecha –miró a las grandes cajas de madera que se hallaban junto a él mientras se disponía a abrirlas – están vuestros uniformes. Los alumnos que ya han estado aquí con anterioridad tendríais que haberlos conservado, si no es así, podéis pasaros por mi despacho más tarde para recoger alguno sobrante – recordó algo  - Un aviso – hizo una pausa, hasta estar seguro de que conseguía  la atención necesaria de todos los alumnos, el interés que requería el asunto – estos uniformes deberéis llevarlos en las clases durante todo momento. En los ratos libres está a vuestra libre elección.

Con total sinceridad he de decir que el uniforme no era especialmente una maravilla. No en sí, sino que era demasiado apagado, demasiado fúnebre. En estos momentos lo que más anhelaba era un toque de color que alegrara este momento. Constaba de una falda negra que llegaría por encima de las rodillas, acompañada de un polo blanco con corbata y por encima un jersey de color al igual que la falda, negro. También, para completar el conjunto, el director nos entregó una túnica negra con una franja blanca en uno de los lados; pegado a ella se encontraba el escudo de Media Noche. En cambio para los chicos la única variación sería el pantalón.

-       Aún queda una última cosa por daros, pero para eso necesito que os sentéis. Os la entregaremos con el resto de alumnos – sonrió amablemente, mostrando una perfecta dentadura a pesar de su anciana edad - ¡Dónde tengo la cabeza! Se me olvidaba… - de pronto volvió a recordar algo – cada uno de vosotros ha de pasarse por mi despacho después – se dirigió únicamente a los alumnos nuevos – a no ser que al resto les falte algo del material – hizo una pausa – creo que eso es todo, ya hablaré con cada uno cuando nos reunamos. Mucha suerte.

Ya con el uniforme en mano me dirigí a mi sitio. Donde había dejado la comprensión de Natasha y el mal humor de Andrea.

-       No ha ido tan mal, ¿no? – Natasha me sonrió con simpatía - .
-       De momento sigo viva – las dos nos reímos, mas en cambio Andrea seguía con el mismo genio de antes. Antipática y seria, burlándose de lo que había dicho.
-       ¡Brittany, Brittany! – una voz masculina y a la vez lejana chillaba mi nombre una y otra vez. Alcé la vista para ver de quien se trataba y no pude hacer nada más que sonreír. Era Fran con una sonrisa encantadora que regalarme. De pronto Javier y Nicolás se levantaron para saludarme; moviendo su mano de un lado a otro. Parecía aquello una competición por ver quién lograba captar antes mi atención. Cathy me miró y sonrió, noté en su expresión lo agotada que estaba por el comportamiento de sus hermanos, siempre inquietos. Le devolví la sonrisa y volví de nuevo a la conversación que estaba teniendo con Natasha.
-       ¡Vaya! No sabía que conocías a Cathy y a sus hermanos.
-       Bueno… desde ayer. Coincidimos en las barcas al ir al colegio.
-       Son geniales, un poco trastos… - rió -  yo la verdad no entiendo como Cathy los aguanta – reí con ella - .
-       Con mucha paciencia seguro.
-       La que nos faltará en las clases.
-       ¿Vendrán con nosotras en clase?
-       Pues sí.  Ya verás nos lo pasaremos bien con ellos.
-       Son muy graciosos – sonreí de nuevo - .
-       Yo te aconsejo que mejor no te acerques a ellos – de pronto Andrea se unió a la conversación sin que ninguna de las dos se percatase, dirigiéndose a mí.
-       ¿Por qué le dices eso a Brittany? Si son muy buena gente – Natasha salió en mi defensa - .
-       Ya pero ella no lo es e igual también les hace daño.
-       ¿También? Andrea que yo sepa no he hecho daño a nadie más, porque ni siquiera es mi intención. No sé que tienes en mi contra. Además acabo de llegar dame tiempo al menos de equivocarme, ¿no?
-       Brittany tiene razón, Andrea, acaba de llegar es imposible que hiciera algo y aunque pienses que lo hará, por lo poco que la conozco, la veo incapaz.
-       No aparenta lo que es, eso está bien, pero prefiero estar alerta.
-       ¿Pero me puedes explicar que te he hecho?
-       Nada… de momento.
-       ¿Y entonces? No lo entiendo… - no comprendía su comportamiento y apenas sus palabras - .
-       Todo a su tiempo.
-       No he hecho daño a nadie.
-       De momento – Andrea parecía no querer hablar - .

No me dio tiempo a preguntarle nada más acerca de su comportamiento hacia mí. Pero ella daba la impresión de no querer contestar a ninguna de mis dudas. Por lo tanto ahora me quedaría con un montón de preguntas sin responder. Había intentado ser maja con ella pero estaba claro que por su parte no había interés por mi persona, solo odio.

-       ¡Chicos, chicas! ¡Atención! ¡Callaros! – sus gritos se escucharon retumbar por toda la sala y de repente todos los alumnos enmudecieron en un segundo. Cuando el silencio reinaba en la sala prosiguió – Aún me queda una última cosa por daros. Tal vez no os guste mucho; el horario escolar – gritos y abucheos seguidos de risas acogían al comedor - .

El señor Dylan y varios hombres trajeados se situaron al lado del director con total seriedad.

-       Os iré leyendo el horario y explicando algunos puntos que deben quedar aclarados, así que mientras ellos os reparten los folletos con el horario impreso seguir la lectura - Dylan y sus ayudantes se dirigieron hacia nosotros, uno por uno, mientras entregaban el horario de las clases - .
-       De ocho a nueve os serviremos el desayuno. Recordad que podéis llegar más tarde de las ocho, pero a partir de las nueve ya no servimos nada. Cerraremos el comedor unos minutos antes para que no haya irregularidades en el horario y así por consiguiente no llegareis tarde a vuestra primera clase, la clase de encantamientos y conjuros.

Horas
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo
8:00-9:00
Desayuno
Desayuno
Desayuno
Desayuno
Desayuno
Desayuno
Desayuno
9:10-10:00
Clase de encantamientos y conjuros
Clase de encantamientos y conjuros
Clase de encantamientos y conjuros
Clase de encantamientos y conjuros
Clase de encantamientos y conjuros
Clase de encantamientos y conjuros

10:10-11:00
Clase de magia oscura
Clase de magia oscura
Clase de magia oscura
Clase de magia oscura
Clase de magia oscura
Clase de magia oscura

11:10-12:00
Clase de magia blanca
Clase de magia blanca
Clase de magia blanca
Clase de magia blanca
Clase de magia blanca
Clase de magia blanca

12:00-13:00
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
13:10-14:00
Comida
Comida
Comida
Comida
Comida
Comida
Comida
14:00-15:00
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
Descanso
15:10-17:00
Clase de vuelo
Clase de vuelo
Clase de vuelo
Clase de vuelo
Clase de vuelo
Clase de vuelo

17:10-19:00
Clase de combate y defensa contra las artes oscuras
Clase de combate y defensa contras las artes oscuras
Clase de combate y defensa contra las artes oscuras
Clase de combate y defensa contra las artes oscuras
Clase de combate y defensa contra las artes oscuras
Clase de combate y defensa contra las artes oscuras

19:10-20:00
Clase de pociones y brebajes
Clase de pociones y brebajes
Clase de pociones y brebajes
Clase de pociones y brebajes
Clase de pociones y brebajes
Clase de pociones y brebajes

20:10-21:00
Clase de estudios mágicos
Clase de  estudios mágicos
Clase de estudios mágicos
Clase de estudios mágicos
Clase de estudios mágicos
Clase de estudios mágicos

21:00-22:00
Cena
Cena
Cena
Cena
Cena
Cena
Cena


-       ¿¡Qué!? – chillé, mas nadie prestó atención a mi pregunta. Me quedé paralizada mirando de nuevo el papel. Cerciorándome de que había leído bien y a su vez escuchado acordemente. Las letras bailaban al son de los latidos de mi acelerado corazón. De pronto sentí miedo, miedo hacia lo desconocido. Un pensamiento: Jack. Tú eres un héroe, rescátame. Ven, búscame y llévame contigo. Jack, ¿qué hago aquí? Por favor, te necesito. Necesito que me digas que esto no es real, que solamente es un sueño. Me pellizque ¿Por qué no despierto Jack?
-          ¿Brittany? – ni siquiera miré para Natasha pero noté cierto tono de preocupación en su voz - ¿estás bien? Estás muy pálida, ¿qué ocurre? – asentí con la cabeza y esta misma la baje rapidamente. El miedo siquiera me dejaba articular palabra. De pronto temblé, tenía frío. Me quedé inerte, sin vida, quizá sin ilusión también. Pero de pronto unas palabras: “Pasé lo que pasé, comprendas o no comprendas lo que te rodea, ten fe en ti misma”. Fue aquello que me dijo Abie antes de montar en el tren.  Pero no encontraba la fe, aquella que Dylan me dijo que debería sentir. Pero ahora solo sentía vacío; un vació absoluto que me desgarraba por dentro. Mis ojos se inundaron de lágrimas, mientras, los temblores no cesaban.
-          Esto es todo, al menos por ahora. Fuera de mi vista – dijo entre risas. Sus palabras sonaban lejanas, como si no pertenecieran a esta realidad. Los alumnos se levantaron deprisa y salieron riendo y conversando con otros. Felices. Felicidad… que lejos estaba de mí.
-          ¡Brittany! ¡Estás temblando! – giró mi cara hacia ella para que le prestara atención – Pero… ¿por qué lloras? ¡Estás ardiendo! – Natasha estaba de veras preocupada – Espera, no te muevas, voy a avisar a algún profesor –antes de que ella se levantara para llegar a realizar su propósito, salí corriendo. Sin mirar hacia ella, dejándola atrás junto a Andrea.

Corrí en busca de respuestas, corrí tan rápido como la esperanza que yacía en mí, esperanza por encontrar esas dudas, por poder llenar este vació, por poder comprender, entender, por poder huir, escapar, por poder volver junto a un héroe y verlo en un colegio, un colegio de verdad.

Subí las escaleras y cansada descansé en el pasamano de estas. Había gastado la poca energía que me quedaba en alejarme de aquel comedor, de aquel instante. Dejé caer todo mi peso en la barandilla. Respiré hondo, con la intención de recuperar el aire que me faltaba el cual ahora anhelaba. Cerré los ojos con la intención de desaparecer, pero seguía allí, inerte, llorando, temblando y también asustada.  El inglés no existía en este colegio, mas estaba segura de que mis padres eso ya lo sabían ¿Esto iba a ser lo mejor para mí? Pero si ni siquiera sabía que era esto…

De pronto mientras observaba a los grupos de gente que salían contentos del comedor mi mirada se encontró con otra. Misteriosa, atrayente. La cual me transmitía mucha paz, calma y tranquilidad. Era de un chico, verdaderamente hermoso. Sus ojos verdes me sosegaron, detuvieron mis lágrimas y ya no sentía ese abismal vacío del principio. Me sentí misteriosamente atraída; pero, por esa misma razón, confundida, preferí guardar silencio mientras intentaba analizar que estaba sintiendo verdaderamente.

Algo en mi corazón desapareció para dejar pasa a un sentimiento nuevo. Uno que jamás mi cuerpo había experimentado, pero llenaba todo mi ser. Quería conocerle o al menos saber su nombre,  pero el mundo real comenzaba a reclamarme y no debía perder tiempo jugando a los detectives de nombres. Pero algo en él me llamo la atención cuando en su rostro se reflejó asco hacia mi persona. A continuación salió corriendo. No quise darle más vueltas al comportamiento de aquel chico tan misterioso ya que no lo comprendía. Y para incomprensiones ya estaba el problema que parecía caerse encima de mí. Todo mi mundo semejaba derrumbarse.

Una vez en el escritorio guardé el uniforme en el armario y pegué el horario en la pared. Cogí rapidamente mi móvil y marqué con dificultad el número de mi casa. Comunicaba. Al parecer o no estaban en casa o lo más probable, no querían enfrentarse a esta situación.

Fue dejar el teléfono otra vez guardado cuando de repente la puerta se abrió. Eran Andrea y Natasha.

-          ¡Brittany! – gritó Natasha - ¿Te encuentras bien? ¿Por qué saliste así, corriendo sin dar ninguna explicación?
-          Es que buscaba eso mismo, explicaciones.
-          ¿A qué?
-          A todo esto… - se me quebró la voz a causa de los sollozos – no entiendo nada.
-          ¿Pero sobre qué?
-          Sobre todo esto, este colegio, yo, mi vida, mi vida hasta ahora… - no pude continuar, las lágrimas no me lo permitían - .
-          Brittany tranquila por favor, siéntate y tranquilízate, porque no te entiendo.
-          ¡Y quién la va a entender! Si no entiende porque está en este colegio, ¡que se vaya! ¡Que nadie la quiere aquí¡
-          Andrea mejor vete, que la pones peor.
-          Pues que…
-          ¡Vete! – Andrea curiosamente obedeció y abandonó la habitación - .
-          Brittany no le hagas caso, está dolida y enfadada contigo pero no llego a entender por qué. Mientras veníamos a la habitación le he preguntado y ha pasado de mí, como si no me escuchase.
-          No me importa, ahora mismo me preocupan más todas mis dudas que el comportamiento de Andrea.
-          Dime, ¿qué es lo que te preocupa?
-          Todo – Natasha se sentó junto a mí en la cama y posó su mano por mi espalda para intentar calmarme, más seguía tiritando - .
-          Yo…y-y-yo-yo no sabía que en este colegio se aprendían estas cosas. No entiendo lo que so-so-soy o al menos en lo que me he con-convertido – Ella casi no comprendía mis palabras ya que no paraba de tiritar - .
-          Creo que es mejor que vayas a ver al director ahora y después hables con tus padres para que te puedan explicar mejor esta situación.
-          Les acabo de llamar y no me cogen…necesito entender esto.
-          Igual más tarde, por eso es mejor primero que aproveches y vayas a ver al director, tal vez el sepa algo o te pueda explicar mejor tus dudas.
-          No creo, pero de todas maneras tengo que ir, que dijo que fuéramos.
-          Pues ya está, no pierdas más tiempo.
-          ¿Me haces un favor?
-          Claro. Lo que sea.
-          ¿Me acompañas? Es que no sé dónde queda. Este sitio es tan grande.
-          Sí. Vamos.

Anduvimos por pasillos fríos. Pasillos largos y estrechos. Otros cortos y anchos. Estaban iluminados por grandes lámparas y algunos con antorchas incrustadas en las paredes de piedra. Subimos escaleras alargadas, de caracol. Nos cruzamos con mucha más gente pero no diferenciaba sus rostros ya que las lágrimas inundaban mis ojos.

Natasha intentó animarme durante el camino y empezaba a comprender. Pero yo ya no era yo. Mi vida hasta ahora había sido un sueño, ¿y ahora? Necesitaba hablar esto con alguien que supiera responder a mis tantos porqués.

De pronto, casi sin percatarme, llegamos al final de un pasillo bastante ancho. Allí una única puerta, efectivamente la de su despacho. La gran puerta cerraba el paso al estudio. Era granate y con detalles sobresalientes  de ella, que semejaban formas abstractas.

Junto al gran portón estaba un chico esperando impacientemente. Por su manera de estar parecía angustiado. Como si le faltara algo y precisara encontrarlo. Al caminar pude cerciorarme de quien era por su regordeta estructura; Nicolás.

-          ¡Brittany! ¡Brittany! – se abalanzó sobre mí – he perdido mi varita – rompió a llorar mientras se agarraba a mi ropa.
-          ¿T-t-tu-tu qué? – me quedé de piedra al escuchar sus palabras. Sin poder reaccionar, como en trace - .
-          Mi varita – continuaba llorando y abrazado a mí – estaba yo y claro, entonces, se supone que debería haber ido con ellos, pero no, y me quede, y ¡PUM! Desapareció. Soy un desastre – no había comprendido su historia, ¿una varita? ¿De qué hablaba? -.
-          Me van a matar, ¡tienes que hacer algo! Como se entere mi hermana me castigará – Parecía un niño de cinco años al haber perdido su peluche preferido. No solo por su comportamiento, sino porque tenía la misma pureza que la de un niño, la misma picardía… vale, también la misma altura. Aparentaba ser mucho más pequeño tal vez de lo que era - .
-          Ni-ni-Nico – caí al suelo, tal vez me quedara inconsciente durante varios segundos, pero del impacto reaccione. Las piernas no me respondían. Me acurruqué contra la pared – no, no, ¡NO! Tengo que irme de aquí… sí – hice ademán de levantarme, pero volví a caer – lloré de la impotencia, de la rabia y de la incomprensión - .
-          ¿Brittany qué te pasa? – Nicolás se preocupó por mí y se sentó a mi lado. Natasha imitó su movimiento y los dos se situaron cada uno a un lado - .
-          Ojalá encuentres tu varita Nico – intenté desviar el tema – No te preocupes por mí.
-          ¿Cómo no me voy a preocupar si estás llorando? Es como si me pides que no haga pis si tengo ganas de ir al baño o como pedirle a una serpiente asesina que no te coma si tiene hambre o que un globo no vuele si tiene helio o quizá…
-          Vale Nico lo hemos entendido – Natasha intervino en las particularidades del pequeño y esto me hizo sonreír, tal vez no tanto, pero me animó al menos por un instante - .

La puerta del despacho se abrió y salió una chica desconocida para nosotros. Nos sonrió y con un simple “Ya podéis pasar” se marchó.

-          Brittany, vete tú primero.
-          ¿Pero y tu varita?
-          Seguiré buscando, seguro que se esconde de mí – rió -  Luego vuelvo si no la encuentro.
-          No puedo dejar que hagas eso por mí.
-          Parece que tus problemas son más importantes – tan pequeño y con tan gran corazón - .
-          Para ti también es importante tu varita.
-          Pero prefiero que pares de llorar tu – él ya lo había hecho - .
-          Muchas gracias.
-          Dámelas cuando todo se resuelva - .
-          Nicolás te ayudo yo a encontrar la varita si quieres – Natasha se ofreció - .
-          ¡Joba! Así seguro que no la encontramos, se escapará de ti, es ver tu cara y esconderse de nuevo.
-          Más vale que corras pequeño, porque te van a faltar ojos para ver por dónde te vienen los golpes – él no lo dudo ni un solo instante y echo a correr - .
-          ¡Cógeme si puedes!
-          El enano se ríe de mí. Lo lamentará – se echó a reír – Brittany mucha suerte. Nos vemos luego y ya me dices como fue todo. Chao que no lo voy a alcanzar – se fue en busca de Nicolás a toda velocidad - .

Me encontré sola de nuevo. Y el miedo no cesaba. Me acerqué hasta la puerta. Llegaba casi hasta el techo. Pegada a la puerta se encontraba una placa con el nombre del director. Di dos fuertes golpes con el pomo y me dispuse a entrar.

Era una habitación grande y espaciosa pero también estaba llena de cosas; libros tirados por el suelo, hojas,  plantas, carpetas, objetos, archivos… Las paredes estaban cubiertas por grandes estanterías, simulaba una gran biblioteca. La estancia estaba iluminada por la luz natural del día que entraba por varias cristaleras que se extendían por cada una de las paredes del despacho.  El director estaba sentado en una gran silla de cuero, justo detrás de un largo escritorio de madera. Justo enfrente de la mesa había un sofá, también de cuero, haciendo juego con la silla.

-          ¡Brittany! Te estaba esperando. Ven, toma asiento por favor – amablemente me mostró su sonrisa mientras yo obedecía y me sentaba en el sofá - .
-          Tan despistada como tu madre… te has dejado la puerta medio abierta.
-          Yo…yo…lo siento – hice ademán de levantarme - .
-          Tranquila, estaba de broma. Ya la cierro yo -  con un solo movimiento rápido sacó de uno de los bolsillos de su túnica una varita. Con una suave agitación de muñeca logró que la puerta se cerrara. Todo mi cuerpo se acongojó por el ruido y también por el cómo era todo eso posible. La guardó de nuevo en su sitio.
-          ¿Cómo ha hecho eso? ¿Cómo? Esto es imposible… No puede ser verdad. Yo soy normal. Mi vida, mi ciudad, mis amigos… ¿qué es usted? ¿qué soy yo? ¿por qué estoy aquí? – parecía más un monólogo aquella conversación. Él solamente escuchaba atentamente todas mis dudas pero sin pronunciar palabra – No entiendo nada. No sé qué hago aquí ¿esto es un sueño verdad? Dígame que sí. Quiero irme de aquí, no pertenezco a este lugar, es que ni siquiera sé que es este lugar – los temblores aparecieron de nuevo – yo… - rompí a llorar. Apoyé mis codos en cada una de las dos piernas y con las manos resguardé mi cara, para que no viera mi rostro - .
-          Cada cosa tiene su momento Brittany, no puedo responderte a todo esto ahora. No soy yo quien debe hacerlo.
-          Quiero saber – le miré decidida a los ojos - .
-          Has de esperar.
-          ¿Y qué debo hacer? ¿Actuar como si nada ocurriera? ¿Cómo si esto no fuera verdad? No puedo.
-          Sí puedes. Tienes que tener fe y creer en ti misma.
-          Eres ya la tercera persona que me dice lo mismo y esta es la tercera vez que digo que no sé cómo tener fe en mi misma.
-          A la tercera va la vencida, ¿no?
-          Eso solo son cuentos.
-          Aún ahora crees en cuentos. La magia también aparece en los cuentos y ya ves, es real.
-          ¿Magia? – le miré extrañada, pero ya más calmada y con cierta seguridad, la misma que él me transmitía cada vez que hablaba - .
-          Magia – me sonrió - .
-          Pero es que eso no es posible.
-          Realmente no lo piensas, te acabas de dar cuenta de que aquí todo es posible.
-          ¿Pero  por qué?
-          No hay ninguna razón, ninguna fórmula. Esto es algo grande y especial, como tú.
-          Yo… ¿yo podría hacer magia? – por fin planteé aquella pregunta que tanto merodeaba en mi cabeza - .
-          No es que podrías, es que puedes Brittany.
-          ¿Yo? ¡Vaya! – sorprendida estaba -  ¿puedo hacer lo mismo que usted? Eso de cerrar puertas con varitas digo.
-          Sí claro, pero primero empieza por tutearme. Llámame simplemente Howard.
-          Está bien, como quiera… - me corregí – como quieras – me sonrió - .

De repente nuestra conversación se vio interrumpida no por otro alumno sino esta vez por una criatura que atravesó volando la sala con total rapidez. Había entrado por la ventana pero no por casualidad. Pertenecía a este lugar. Dio una vuelta a todo el despacho y luego agitando sus alas con delicadeza se posó en un palo de madera que se extendía al lado del director.

Su aspecto semejaba al de un cuervo, tal vez un poco más grande, pero como diferencia era completamente blanco; las alas, el pico, la cola, todo. Desprendía un aura especial. Me quedé fascinada mirándolo. Era hermoso. Las plumas de su cola estaban separadas y en alto. Alzaba la cabeza como gesto de superioridad.

-          Te presento a mi caradrio.
-          Es precioso, nunca había visto un ave como esta.
-          Lógico – mostró de nuevo su sonrisa - .
-          ¿Por qué dices eso?
-          No hay aves de estas en el mundo de los humanos.
-          En mi mundo dirás.
-          No. No me he equivocado – me quedé pensando en ello durante un momento. El sabía que ahora mi mundo era este, que desde ahora yo pertenecía a este lugar y por supuesto que mi vida había quedado atrás - .
-          Entonces el caradrio también es… ¿Especial?
-          Muy especial.
-          ¿Qué es lo que le hace especial?
-          Es capaz de adivinar y a su vez curar enfermedades.
-          ¿Todas?
-          De pende de cuál sea y de lo desarrollada que esté.
-          Eso, es… ¡increíble! – el caradrio pareció sanar mi pena. De nuevo me vi envuelta en un manto de tranquilidad y harmonía - .
-          Por ejemplo si un hombre enferma, este sabio pájaro puede ver la enfermedad y su curso. Si vuelve el rostro, es porque al hombre le aguarda una muerte segura, pero si lo puede sanar, se apropiara de la enfermedad y alzará el vuelo, y en los cielos el sol consumirá la enfermedad y la dispersará en el aire.
-          ¿Cómo lo consiguió?
-          Hay muy pocas aves como estas en este mundo, son seres solitarios y nunca están en colonias. Suelen estar cerca de los palacios porque se alimentan de la comida de reyes.
-          ¿Vivías en palacio?
-          Yo no. El caradrio no es mío. Ahora cuido de él ya que la vida de la dueña ya no se lo permite.
-          ¿Quién es su dueña? – el caradrio clavó sus profundos ojos claros en mí y como si nada se creó una sintonía entre ambos. Un escalofrío, pero no desvié la mirada. Me sentía bien. Su presencia me hacía bien. Y luego algo más, una sensación. Una que recorrió todas mis terminaciones, una indescriptible - .
-          ¿Acaso eso importa ahora?
-          ¿Después importara?
-          Claro. Cada cosa tiene su momento solo hay que saber esperar.
-          Está bien.
-          Brittany sé que aún quedan muchas dudas en ti y me gustaría despejar todas estas, pero comprende que una vez que las personas indicadas lo hagan podremos hablar claramente.
-          ¿Solamente he de esperar?
-          Sí, por favor. Mientras tanto intenta asimilar todo esto cuanto antes. Ya no merece la pena pensar que todo esto no es real y que no perteneces a este mundo.
-          No merecerá la pena pero no puedo hacer nada.
-          Si puedes. Porque si no eres tú la que hace algo nadie lo hará por ti. Por mucho más que sepas, asimilarlo es solo cosa tuya y de nadie más.
-          Prometo intentarlo hasta entender y creer en todo esto.
-          Si no crees en nada, cree en ti misma y me alegra saber que al menos lo intentarás. Ahora centrémonos en otro tema.
-          ¿Cuál?
-          Necesitas tu propia varita, la escoba… - comenzó a nombrar números objetos que yo necesitaba para el comienzo de las clases - ¡Cornelius! 

2 comentarios:

  1. _:o me encanta la imaginacion que tienes ;D es verdad que tiene cierta similitud a harry potter pero a su modo tambien es diferente a su manera ;D me encanta Nicolas sin duda se esta convirtiendo en uno de mis preferidos ;D lo que me puedo reri con el XD
    Lo del chico misterioso me ha dejado sin habla . No entiendo porque la ha mirado con asco ¬¬ no se yo si me ira a caer mal :( pobre bri porque andrea tambien la tiene cierta mania XD aunque eso tendra alguna explicacion ;D tu tomate el tiempo con las reformas ;D yo seguire aqui leyendote al cien por cien ;D un besazo y sin duda adoro tu historia
    PD:¿Como se lo contara a jack?

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  2. Muy hermoso es tu blog!
    me encanto, el texto esta muy bueno.
    te sigo :).
    saludos desde mi castillo.
    www.mi-mundo-flash.blogspot.com.ar

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